EXPOSICIONES
Manuel Luis Benavides
-La libertad en el paisaje-
De martes a domingo de 10:00 a 19:00
horas
Galería y vestíbulo
Entrada libre
El
Ágora de la Ciudad perteneciente al Instituto veracruzano de la cultura les
invita en este mes
A
visitar la exposición Manuel Luis
Benavides -La libertad en el paisaje- y la pieza del mes; en el vestíbulo
se inaugurará la exposición del Club de Exploraciones México AC.
Manuel Luis Benavides
Manuel
Luis Benavides Maldonado nació en la ciudad de Xalapa, Veracruz el 15 de
febrero de 1944. Perteneciente a una familia de comerciantes veracruzanos, ha
dedicado gran parte de su vida a la
creación pictórica por la que habría de inclinarse de forma “tardía” y
autodidacta; sería hacia el final de sus treintas cuando con el respaldo de sus
hermanos comenzó una labor que continúa hasta el día de hoy, improvisando
medios, técnicas y materiales. Sin el apoyo de maestro, guía escrita o gráfica alguna, desarrollará la totalidad de su
trabajo convirtiéndole en un excepcional ejemplo de “artista puro” con poco
menos que nulos referentes artísticos.
Su
imaginación y trabajo se nutren de manera casi exclusiva de la estimulante
naturaleza de su entorno. Benavides es un artista puro también en el sentido de
quien crea por una estricta y genuina necesidad de expresarse y representar
alejado completamente de todo circuito académico o profesional.
Luis
Benavides ha expuesto en diversos recintos del estado entre los que se cuentan
una exposición al aire libre en 1992 del Puerto de Veracruz organizada por el
DIF y una muestra en el salón de usos
múltiples del IMSS en Xalapa en 1993. En los años posteriores, entre 1994 y
1995 expondrá a su vez en los bajos del palacio municipal de Xalapa y de Paso
de Ovejas donde actualmente reside. La presente es hasta ahora la más extensa y
representativa muestra de su vasta producción.
La
Libertad del Paisaje
Su estilo, de difícil
clasificación, se define formalmente en
una estructura de líneas que, como un esqueleto, construyen un universo de gran
potencia cromática que resulta al mismo tiempo delicado y vigoroso. Un mundo
que invita a pasear por sus prados encantados,
a admirar una sorprendente diversidad botánica nunca vista así como su,
con frecuencia exótica, arquitectura de mágica espacialidad.
Es de particular
interés observar la armoniosa coexistencia de elementos naturales y urbanos. La
separación entre ambos espacios suele ser imprecisa y en este sentido los paisajes adquieren una
sutil connotación simbólica. Dicha integración sublima toda realidad tangible a
través de la manifestación estética y expone un fiel retrato del alma del
artista. Atestiguamos en la obra de Luis Benavides la expresión de su corazón
más que la de su cerebro, subordinando las facultades de éste a un espíritu
que, con libertad pasmosa, organiza el espacio de manera singular y en el que
incorpora un colorido, en incontables ocasiones, francamente exquisito.
Asistimos a la presentación
de una obra poderosa, refinada y original, consolidada en función de una
técnica y estilo muy personales. La fuerza e importancia de su trabajo radica
tanto en el manejo de elementos formales que muestran un oficio innegable así
como un simbolismo en el que se manifiestan huellas autobiográficas e
inquietudes personales de interés
universal.
Sea este un
sentido homenaje a un prolífico artista
autodidacta que ha producido una obra “cocinada” en el tiempo con admirable
dedicación y con el indispensable ingrediente del talento y la sensibilidad.
Francisco Marín

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