La Soledad | Jueves 27
de junio | Auditorio | 19:00 horas | Entrada Libre
Como
cada mes, en coordinación con la Facultad de Filosofía de la Universidad
Veracruzana les presentamos el programa “Filosofía en el Ágora” es un espacio
dedicado a la reflexión, donde en esta ocasión hablando de la Soledad desde un
punto filosófico.
La soledad:
La
soledad es un estado de aislamiento en el cual un individuo se encuentra solo,
sin acompañamiento de una persona o animal de compañía.
Puede
tener origen en diferentes causas, como la propia elección del individuo, el
aislamiento impuesto por un determinado sector de la sociedad, pérdida de seres
queridos, una enfermedad contagiosa, trastornos mentales, trastornos
neurológicos o circunstancias de empleo o situación. Puede también entenderse
por privacidad o privación voluntaria de la compañía.
*Desde
un punto filosófico se dice que un gran grupo lo constituyen los que quieren
estar o están solos. Incluye aquí la idea de un Nietzsche condenado a la soledad
“Las ideas al uso, las morales que encubrían la humana realidad, condenaron a
Nietzsche a vivir en una soledad absoluta de donde no puede volver. Pero en su
soledad de enamorado, atacó sin tregua a todo lo que le separaba de la
convivencia de los hombres. Amó sin tregua ni descanso por encima de sus
propias ideas, de sus propias doctrinas. Tal fue su tragedia. En esta tragedia
Nietzsche nos recuerda “Dice Aristóteles que para vivir en soledad hay que ser
animal o dios. Falta aclarar que hay que ser lo uno y lo otro: filósofo”
También
está Cioran “Fuera de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es
mentira. Ella es justamente ambos, pero mejorados.” Y, seguramente al más
representativo defensor de la soledad, Schopenhauer: “La soledad es la suerte
de todos los espíritus excelentes” o “Sólo se puede ser totalmente uno mismo
mientras se está solo: quien, por tanto, no ama la soledad, tampoco ama la
libertad; pues únicamente si se está solo se es libre”.
Otro
grupo, mucho menos numeroso, son los que más que solos lo que quieren es estar
muertos. Seguramente algunos existencialistas extremos donde la abrumadora
omnipotencia de Lo Otro imposibilita la salvación en este mundo, haciendo
incluso que la propia soledad surja como estado de imposible realización.
“L’enfer, c’est les autres” grita Sartre frente a la puerta cerrada. O los que
como Camus o Deleuze que intentan asaltar la absurdidad del mundo desde la
tanatofilia o el suicidio.
Otro
grupo bastante grande y actual son los que como Sócrates o Platón prefieren las
compañías reducidas y selectas. Discretos y selectos en las compañías algunos
afirmarían que “mejor solo que mal acompañando” y otros flirtearían con el
elitismo, llegando delegar la soledad individual al grupo volviendo a éste
solitario y reacio respecto a otros grupos.
Por
último, más reducido que el anterior, el grupo de los más sociables. El
conductor vuelve a citar a Nietzsche, en este caso como crítico con la soledad
“Hay que volver a la muchedumbre, su contacto endurece y pule, la soledad
ablanda y pudre”.
Es
curioso que el filósofo conocido como Ἀναγνώστης (Anagnostes – lector),
paradigma de persona solitaria, sea el que mejor representa al grupo. Aristóteles que con su definición de hombre
como ζῷον πoλιτικόν (zoon politikón – animal político) nos avisa de que la
soledad no es un estado deseado.
De
todo esto es evidente que la ciudad es una de las cosas naturales, y que el hombre
es por naturaleza un animal social, y que el insocial por naturaleza y no por
azar es o un ser inferior o un ser superior al hombre. Como aquel a quien
Homero vitupera: Sin tribu, sin ley, sin hogar, porque el que es tal por
naturaleza es también amante de la guerra, como una pieza aislada en el juego
de damas.
Y
el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia
suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios
La
razón por la cual el hombre es un ser social, más que cualquier abeja y que
cualquier animal gregario, es evidente: la naturaleza, como decimos, no hace
nada en vano y el hombre es el único animal que tiene la palabra. Pues la voz
es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales,
porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e
indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y
lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y eso es lo propio del hombre
frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de
lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación
comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad.
Aristóteles,
Política, Madrid, Biblioteca Básica Gredos, 2000, 1253 ac.
Les esperamos el jueves 27 de junio a las 19:00 horas en
el auditorio del Ágora de la Ciudad en Bajos del Parque Juárez, en el Centro
Histórico de esta Ciudad Capital, nos puedes seguir en nuestras redes sociales:


No hay comentarios.:
Publicar un comentario